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sábado, 24 de diciembre de 2011

Jerry Fodor y la modularidad de la mente

Jerry Fodor y la modularidad de la mente

Daniel Dennet: "La conciencia explicada: una teoría interdisciplinar"

conciencia_capitulo_13

Mihaly Csikszentmihalyi: "Aprender a fluir"

Csikszentmihalyi.M. - Apreder a fluir

lunes, 12 de diciembre de 2011

Antipsiquiatría vs. Psiquiatría biológica

De la relación entre la Medicina Basada en la Evidencia y la práctica psiquiátrica en nuestro entorno

sábado, 3 de diciembre de 2011

"Los caracteres" de Teofrasto




Filósofo griego. Según el testimonio de Diógenes Laercio, su verdadero nombre era Tirtamo, pero su gran amigo el filósofo Aristóteles se lo cambió por el que conocemos, que significa «de habla o estilo divino».

Teofrasto frecuentó la escuela de Platón y la de Aristóteles y, hasta hace poco, se le consideraba como un epígono del último. Sin embargo, las últimas investigaciones de los historiadores conceden un papel más relevante a este filósofo y coinciden en atribuirle una serie de innovaciones respecto a la lógica aristotélica. Así, se entiende que Teofrasto desarrollara numerosos teoremas para la lógica proposicional, además de la doctrina de los silogismos hipotéticos y la lógica modal, con lo que habría constituido el punto de inflexión entre la lógica aristotélica y la estoica.

La obra más importante de Teofrasto es "Caracteres éticos", que tuvo una gran influencia en las posteriores clasificaciones de caracteres y tipos psicológicos. El filósofo se prodigó también en otras materias, como la botánica, la geología, la física, la psicología, la política y la metafísica, a pesar de que de esta amplia obra solo se conservan unos pocos fragmentos.

Extraído de Biografias y Vidas

lunes, 31 de octubre de 2011

Efecto Napalkov

En 1953 Solomon, Kamin y Wynne hicieron una investigación sobre la evitación discriminativa.
En su trabajo, varios perros estaban situados a un lado de un habitáculo dividido en dos mediante una pequeña valla. Estos investigadores entrenaron a los perros para que al apagarse una bombilla, saltaran de un lado a otro de la valla, evitando así la descarga eléctrica que recibían si tardaban más de 10 segundos en saltar al otro lado. Es decir, la ausencia de luz era quien informaba de una inminente descarga de corriente eléctrica. Como cualquiera que no sabe en qué consiste el experimento, al principio, los perros tardaron más de diez segundos en saltar, recibiendo así descargas eléctricas que podrían haber evitado saltando al otro lado de la valla. Después, tras realizar más ensayos, y una vez aprendido en qué consistía la prueba, los autores observaron que los perros saltaban de una zona a otra tan pronto como se apagaba la luz, evitando así la descarga eléctrica.

Por otra parte, Solomon, Kamin y Wynne observaron que las respuestas de evitación aprendidas resultaban altamente resistentes a la extinción simple (esto quiere decir, que pese a dejar de presentar descargas eléctricas tras el apagón de la luz, los perros siguieron saltando al otro lado de la valla para evitar recibir el choque eléctrico, pues es lo que habían aprendido: evitar las descargas saltando al otro lado). Y más aún, paradójicamente, a veces durante los ensayos de extinción se incrementaba la respuesta condicionada (el salto), produciendo el efecto conocido como fenómeno Napalkov. Esto se debe a que, si bien se omitía la descarga eléctrica (estímulo incondicionado), los animales no esperaban el tiempo suficiente que le permitieran comprobar este hecho, ya que tan pronto como se apagaba la luz (estímulo condicionado), los animales llevaban a cabo la respuesta condicionada, esto es, saltar la valla.

De este modo, la hipótesis de la extinción normal, que decía que la retirada sin más de las descargas conllevaría la eliminación de la respuesta de escape, no encontró evidencia consistente. De hecho, fueron necesario otros métodos para conseguir la eliminación de la conducta aprendida. Una de ellas consistió en apagar la señal luminosa impidiendo además las respuesta de evitación ¿Cómo? levantando la valla de separación de forma que no pudieran saltar de un lado a otro, consiguiendo mostrar a los perros la inexistencia de la descarga eléctrica si permanecían en el mismo lugar.

Esta alternativa, en la que se exponía a los perros de forma masiva a estímulos que producían ansiedad junto con la prevención de cualquier tipo de respuesta de escape, se presentó como la responsable de uno de los sistemas más eficaces de extinción y el fundamento de las técnicas de inundación.

lunes, 24 de octubre de 2011

Efecto Barnum

También conocido como Efecto Forer o Falacia de la validación personal. Es la observación de que los individuos darán una aprobación de alta precisión a descripciones de su personalidad que, supuestamente, han sido realizadas específicamente para ellos, pero que en realidad son generales y suficientemente vagas como para ser aplicadas a un amplio espectro de gente.

¿Cómo puede ser esto posible? En 1948, el psicólogo Bertram R. Forer pasó entre sus estudiantes un test de personalidad y, posteriormente, los resultados del mismo. Sin embargo, repartió entre todos ellos la misma descripción de personalidad, un texto que construyó sobre la base de fragmentos de distintos horóscopos. Luego les pidió que puntuasen la descripción que habían recibido, “0” si no se ajustaba nada a ellos, “5” si se ajustaba perfectamente. El promedio fue de 4’26; es decir, el texto era una fiel descripción de la personalidad de la mayoría de ellos. No se basaba en el test, no era un sólo horóscopo y, por supuesto, no todos sus estudiantes eran iguales, sin embargo para la mayoría la descripción era válida, creían que se ajustaba a ellos. De esta manera concluyó que la gente tiende a aceptar descripciones de ellos mismos en proporción al deseo de que dichas descripciones sean verdad.

Años más tarde, en 1985, Dickson y Kelly encontraron algunas variables que afectan a la puntuación que los sujetos dan a este tipo de descripciones de la personalidad:

El sujeto puntúa más alto si cree que el análisis se aplica sólo a él.
El sujeto puntúa más alto si cree en la autoridad del evaluador.
El sujeto puntúa más alto si el análisis enumera mayormente atributos positivos.

De esta manera se explican sucesos tales como el horóscopo, las profecías, el tarot, y un largo etcétera.

El texto que Forer pasó a sus estudiantes:

“Tienes la necesidad de que otras personas te quieran y te admiren, y sin embargo eres crítico contigo mismo. Aunque tienes algunas debilidades en tu personalidad generalmente eres capaz de compensarlas. Tienes una considerable capacidad sin usar que nos has aprovechado. Disciplinado y controlado hacia fuera, tiendes a ser preocupado e inseguro por dentro. A veces tienes serias dudas sobre si has obrado bien o tomado las decisiones correctas. Prefieres una cierta cantidad de cambios y variedad y te sientes defraudado cuando te ves rodeado de restricciones y limitaciones. También estás orgulloso de ser un pensador independiente y no aceptar las afirmaciones de los otros sin pruebas suficientes. Encuentras poco sabio ser muy franco en revelarte a los otros. A veces eres extrovertido, afable y sociable, mientras que otras veces eres introvertido, precavido y reservado. Algunas de tus aspiraciones tienden a ser bastante irreales“.

Efecto Zeigarnik

Bluma Wulfovna Zeigarnik (9 de noviembre de 1900 − 24 de febrero de 1988) fue una psicóloga y psiquiatra soviética que descubrió el efecto Zeigarnik y estableció la psicopatología experimental como una disciplina separada.
Nacida en una familia judía en Prienai, Zeigarnik se matriculó en la Universidad de Berlín en 1927. Describió el efecto Zeigarnik en un diploma preparado bajo la supervisión de Kurt Lewin. En 1930, trabajó con Levi Vygotsky en el Instituto soviético de medicina experimental. Durante la Segunda Guerra Mundial, ayudó a Alexander Luria a reparar lesiones de cabeza. Fue co-fundadora del departamento de psicología de la Universidad Estatal de Moscú y de todos los seminarios rusos de psicopatología. Falleció en Moscú a la edad de 87 años.

Se llama efecto Zeigarnik al fenómeno de evocación que ocasiona una tarea que se deja sin terminar. Según observó la investigadora rusa Bluma Zeigarnik, las personas tendemos a mantener más vivo el recuerdo de las experiencias incompletas que el de aquéllas que hemos logrado concluir. Cuando un objetivo es culminado, nuestra mente se desprende con facilidad de él y vuelca sus energías en otro objetivo nuevo. Zeigarnik ponía el ejemplo de unos camareros que recordaban con todo detalle las peticiones de los clientes hasta el momento en que les atendían; una vez servido el plato, sin embargo, muchos de ellos eran incapaces de acordarse de qué había comido cada persona.
Según sus ideas, para superar los traumas necesitamos tener conciencia de haber alcanzado una meta, concluido una etapa, superado una fase. Muchas veces esa necesidad se concreta en la búsqueda de un por qué, de una razón que explique los acontecimientos del pasado. Cuando no logramos dar con esa razón, el efecto Zeigarnik hace que los recuerdos sigan atormentándonos hurgando en la herida no cicatrizada. Al mismo tiempo que olvidamos cosas que desearíamos mantener vivas en la memoria, hay otras que no conseguimos olvidar debido a que no les encontramos la explicación necesaria para darlas por sepultadas. La falta de un por qué de nuestras penas remotas y de nuestras desgracias azarosas sigue dando trabajo al pensamiento.

Efecto Hawthorne

Los experimentos de Hawthorne eran una serie de estudios sobre la productividad de los trabajadores, en donde varias condiciones fueron manipuladas (niveles de luz, humedad, descanso, etc.) Asombrosamente, cada cambio dio lugar a una elevación de la productividad, incluyendo eventualmente un regreso a las condiciones originales.

Un grupo de trabajadores fue dividido en dos, un grupo trabajo con un nivel de luz normal, y otro grupo trabajo con un nivel de luz que bajaba y subía. ¿Cual fue el resultado de la productividad? Todos contestaron que el grupo que tenía un nivel normal de luz fue más productivo, algunos contestaron que el grupo más productivo fue el que tenía una alteración de luz. La respuesta fue que ambos grupos tenia el mismo nivel de productividad, porque se sintieron importantes para este experimento, se sintieron elegidos, y se auto motivaron.

"Claramente las variables que los analistas manipularon no eran las únicas ni las dominantes en los cambios de la productividad. Una interpretación, mayoritariamente desarrollada por el profesor Elton Mayo y sus asociados F.J. Roethlisberger y William J. Dickson, es que esencialmente, la sensación de los trabajadores de estar siendo atendidos en aquello que es la causa de las mejorías en su desempeño. Esto es ahora conocido como “el efecto Hawthorne”.

Así estos experimentos estuvieron entre las primeras indicaciones que cualquier modelo de la productividad debe considerar como un factor en las cualidades intangibles tales como el comportamiento humano.

Es importante explicar otros dos conceptos para entender el efecto Hawthorne correcta y exactamente. La ley de Yerkes-Dockson y la ley de disminución de la utilidad marginal. Mientras que la motivación aumenta la productividad hasta cierto punto, más motivación (sueldo por ejemplo) no sería eficaz en seguirla aumentando debido a la saturación de la utilidad. Así, uno no debe confiar solamente en el modelo Hawthorne para aumentar la productividad sino que en lugar de ello, debe buscar complementarlo hábilmente con otras cualidades de la motivación, como por ejemplo, el rediseño del trabajo, la ampliación de las tareas, y elevando la capacidad de producción vía alternativas tales como el aprendizaje de la cultura organizaciona".

Efecto Von Restorff

El efecto Von Restorff, también denominado el efecto de aislamiento, establece que un elemento que "destaca como un pulgar dolorido" (denominado codificación distintiva) tiene más probabilidades de ser recordado que el resto de los elementos. Por ejemplo, si una persona examina una lista de la compra con un artículo subrayado con fluorescente, será más probable que él o ella recuerde el artículo resaltado más que cualquiera de los otros.
La peculiaridad puede también venir en la forma de humor, en cuyo caso ocurre el efecto de humor. De la misma manera, ejemplos específicos incluyen el efecto de extrañeza y el efecto de posición seriada. (Extraído de Wikipedia)

Efecto Pigmalión

Rosenthal y Jacobson estudian el efecto Pigmalión desde la perspectiva de la teoría de la profecía autorrealizada. Esta teoría la entendemos como uno de los factores que influyen en la motivación de los alumnos en el aula. Aparentemente parece que es un efecto mágico, pero no lo es, lo que ocurre es que los profesores formulan expectativas acerca del comportamiento en clase de diferentes alumnos y los van a tratar de forma distinta de acuerdo con dichas expectativas. Es posible que a los alumnos que ellos consideran más capacitados les den más y mayores estímulos, más tiempo para sus respuestas, etc. Estos alumnos, al ser tratados de un modo distinto, responden de manera diferente, confirmando así las expectativas de los profesores y proporcionando las respuestas acertadas con más frecuencia. Si esto se hace de una forma continuada a lo largo de varios meses, conseguirán mejores resultados escolares y mejores calificaciones en los exámenes.

El efecto pigmalión tiene su origen en un mito griego, en el que un escultor llamado Pigmalión se enamoró de una de sus creaciones: Galatea. A tal punto llegó su pasión por la escultura que la trataba como si fuera una mujer real, como si estuviera viva. El mito continúa cuando la escultura cobra vida después de un sueño de Pigmalión, por obra de Afrodita al ver el amor que éste sentía por la estatua, que representaba a la mujer de sus sueños.
Este suceso fue nombrado como el efecto pigmalión ya que superó lo que esperaba de sí mismo al crear una escultura tan perfecta que llega a enamorarse de ella.

Efecto Rosenthal

En 1964, inspirado en el efecto Clever Hans y en el mito de Pigmalión, Robert Rosenthal (un profesor de psicología social de la Universidad de Harvard) inició un famoso experimento educativo.

Primero, aplicó una prueba de inteligencia a un grupo de escolares. Acto seguido, dividió al grupo en dos clases, al azar. A la profesora del primer grupo le dijo que tenía a cargo a estudiantes normales; a la del segundo grupo le señaló que sus estudiantes eran chicos “situados por encima del promedio, de los que se podía esperar progresos notables”. Claro está, la diferencia entre los dos grupos era pura ficción.

Al final del año, Rosenthal volvió a aplicar la prueba a todos los estudiantes. El resultado fue que los chicos del grupo experimental (los falsamente descritos como superdotados ante sus profesores) habían mejorado mucho más que el grupo de comparación.

Así las cosas, aunque los dos grupos eran igualmente competentes, las expectativas de sus profesores eran muy distintas. En colaboración con Lenore Jacobson, directora de la escuela, Rosenthal descubrió lo siguiente: los profesores que creían que un alumno era bueno, le sonreían con más frecuencia, lo miraban más tiempo a los ojos, le daban más retroalimentación (sin importar si sus respuestas eran correctas o incorrectas) y sus reacciones de elogio eran más claras.

La predicción de Rosenthal probó ser correcta: al darles información de que ciertos estudiantes eran más inteligentes que otros, sus profesores se comportaban inconscientemente de manera que el éxito de estos estudiantes se viera facilitado.

El estudio se titula “Pigmalión en el aula”; fue publicado en 1968 y dio lugar al efecto Rosenthal. Según éste, las personas que tienen expectativas positivas de sus hijos, alumnos o colaboradores (otras personas, en general), generan un clima socioemocional más cálido en ese grupo. Además, entregan más información, dan mejor retroalimentación sobre los resultados alcanzados y ofrecen las mejores oportunidades a este grupo.

De tal modo, los profesores dan más enseñanza a los alumnos de los que esperan más (los incitan a responder frecuentemente, les presentan problemas retadores y los ayudan a encontrar la respuesta correcta).

Empero, el fenómeno funciona en las dos direcciones pues, en posteriores experimentos, Rosenthal encontró que los profesores no respondían bien a los buenos resultados de los estudiantes que consideraban menos inteligentes. En sus propias palabras: “Un buen resultado inesperado tiene riesgos para el que lo alcanza”.

Por otra parte, el efecto Rosenthal subraya la importancia de manejar expectativas positivas hacia aquellos a quienes dirigimos, orientamos o enseñamos. Johann Wolfgang Goethe, poeta y dramaturgo alemán, decía que, si tratamos a una persona como lo que es, seguirá siendo lo que es; pero, si la tratamos como lo que podría ser, entonces se convertirá en todo lo que puede llegar a ser.

Efecto Greenspoon

Se trata de indicios lingüísticos y paralingüísticos, como pueden ser los términos "sí", "ya", "bien" o "mm-hmm" y conductas no verbales regualdoras de la ínteracción, como son la sonrisa o los ligeros movimientos de cabeza que indican asentimiento. El tipo de interacción y de resultados que promueve el empleo de ésta clase de reforzadores es conocido, en el campo de la psicoterapia, como efecto Greenspoon.

Efecto García - Koelling

El condicionamiento interoceptivo, en la mayoría de las ocasiones, resulta inadvertido para el sujeto, no puede ser evitado. Resulta más duradero que el condicionamiento clásico externo. Puede generar consecuencias a largo plazo en nuestro comportamiento.

Fenómeno de aversión adquirida al sabor: aversión desarrollada hacia una sustancia sápida (con sabor). El EI, (rayos-X, litio u otras sustancias que generan malestar), puede presentarse incluso horas después de haber presentado el EC (sustancia sápida). Por lo general, cuanto más separados están el EC y el EI en el tiempo, menor es la intensidad de dicho condicionamiento. Sin embargo, en el fenómeno de aversión gustativa, las demoras de horas generan condicionamientos más fuertes que las demoras de minutos; se trata de un tipo de aprendizaje peculiar.

García y Koelling experimentaron con 4 grupos de ratas asignados a 2 factores con 2 niveles cada uno. El EC que se empleaba para asociarlo con la ingesta de agua (flash luminoso y un sonido o sustancia sápida). El EI que se aplicaba tras la ingesta de agua (acción de los rayos X, o shocks eléctricos en las patas). Los animales expuestos al agua sápida y a los rayos X, desarrollaron aversión al sabor. Los animales expuestos a los destellos luminosos y sonidos junto con los rayos X, no desarrollaron esta aversión a beber agua. En las ratas que recibieron shock eléctrico en las patas, el agua sápida no se asoció con el shock, pero el destello luminoso sí. Los resultados sugieren que las ratas asocian el agua sápida con sensación de enfermedad, evitando su consumo posterior. Una fuente de aversión externa (shock), no parece generar una asociación con el agua, aunque sí con los estímulos visuales y auditivos.

*Condicionamiento intero-exteroceptivo, se produce cuando el EC se aplica internamente, mientras que el EI se aplica externamente. Ejemplo: una respuesta de salivación en perros, condicionada a la aplicación de agua fría en un dispositivo introducido en el útero, discrimina también la temperatura. EC, balón en el útero con agua fría, EI, presentación de comida.

*Condicionamiento intero-interoceptivos, se produce cuando tanto el EC como el EI se aplican internamente. Ejemplo: en los perros se producen torsiones intestinales: la presentación de dióxido de carbono directamente en los pulmones (EI), obteniendo como RI cambios en los patrones respiratorios (respiración defensiva). Tras varios ensayos, se observó cómo la manipulación de las torsiones intestinales, generaba la respuesta de respiración defensiva (RC).

*Condicionamiento extero-interoceptivo, el EC es externo mientras que el EI es interno. Procedimiento con humanos, en pacientes con complicaciones urinarias, se les alojaba un balón en la vejiga, conectado a un manómetro que indicaba la presión del mismo (EC). El EI era la sensación de presión en el interior de la vejiga, al insuflar el aire, que desencadenaba la micción. Tras los ensayos, los valores del manómetro se convirtieron en el estímulo que elicitaba la respuesta de micción, aun cuando no se hubiera insuflado aire.

viernes, 30 de septiembre de 2011

"En busca de Espinosa" Antonio Damasio

ANTONIO DAMASIO, En busca de Spinoza (Neurobiología de la emoción y los sentimientos). Crítica, 2005. Traducción castellana de Joandomènec Ros. Antonio Damasio es premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2005.



La herencia de Spinoza es un asunto triste y complicado. Podría decirse que, dado el contexto histórico y las posiciones inflexibles que tomó, cabía prever la vehemencia de los ataques y la eficacia de la prohibición de su obra. En cierta medida, Spinoza lo hizo, como parecen indicar sus precauciones. Aún así, la reacción resultó ser más fuerte de lo que nadie podía haber esperado.

SE ESPERABA LA CONDENA DE SPINOZA POR LOS JUDÍOS, EL VATICANO Y LOS CALVINISTAS, PERO LA REACCIÓN FUE MÁS ALLÁ: FUE MALDECIDO Y EXPOLIADO DURANTE MÁS DE UN SIGLO

Spinoza no dejó ninguna última voluntad, pero había dado a Rieuwertz, su amigo y editor en Amsterdam, instrucciones detalladas para la disposición de sus manuscritos. Rieuwertz fue absolutamente leal, y asimismo valiente y muy listo. Spinoza murió en los últimos días de febrero de 1677, pero a finales del mismo año se imprimió un libro titulado Opera phosthuma, del que la Ética constituía la parte central del volumen. En 1678 empezaron a aparecer traducciones holandesas y francesas.

Rieuwertz, y el grupo de amigos de Spinoza que lo ayudaron, tuvieron que enfrentarse al ultraje más violento contra las ideas de Spinoza. Se esperaba la condena de los judíos, del Vaticano y de los calvinistas, desde luego, pero la reacción fue más allá. Las autoridades holandesas fueron las primeras en prohibir el libro, y después lo hicieron otros países europeos. En varios lugares, entre ellos Holanda, la prohibición se hizo cumplir con firmeza. Las autoridades inspeccionaban las librerías y confiscaban los volúmenes que pudieran encontrar. Publicar o vender el libro era una ofensa y siguió siéndolo mientras hubo curiosidad por él. Rieuwertz eludió a las autoridades de una manera magistral, negando una y otra vez tener conocimiento alguno de los originales ni ninguna responsabilidad en la impresión. Consiguió distribuir ilegalmente varios libros, en Holanda y en el extranjero, pero no está claro cuántos exactamente.

Así, las palabras de Spinoza estaban seguras en muchas bibliotecas privadas de Europa, en claro desafío a las Iglesias y a las autoridades. En Francia, en particular, fue muy leído. No hay duda de que los aspectos más accesibles de la obra (la parte que trataba de la religión organizada y de su relación con el Estado) eran asimilados y, en muchos rincones, admirados. No obstante, Iglesias y autoridades ganaron en gran parte su batalla, porque las ideas de Spinoza difícilmente podían citarse impresas desde una consideración positiva. La amonestación fue implícita en lugar de legislarse de manera patente, pero de esta manera produjo resultados incluso mejores.

Pocos filósofos o políticos se atrevían a ponerse de parte de Spinoza, porque ello hubiera sido provocar el desastre. Apoyar cualquier declaración con la cita explícita de las argumentaciones de Spinoza o hacer remontar una idea a sus textos hubiera socavado las probabilidades de que se escuchara dicha declaración. Spinoza era anatema. Esto se aplicó en toda Europa durante la mayor parte de los cien años que siguieron a su muerte. Por el contrario, las referencias negativas eran bien recibidas y abundantes. En algunos lugares, como fue el caso de Portugal, las menciones a Spinoza conllevaban un obligado calificativo peyorativo, como “sinvergüenza”, “pestilente”, “impío” o “estúpido”.

En ocasiones las opiniones críticas eran cortinas de humo y consiguieron diseminar las ideas de Spinoza de manera encubierta. El ejemplo más notable de este escarnio confuso fue el artículo de Pierre Bayle sobre Spinoza en el Dictionnaire Philosophique et Critique. Mª. L. Ribeiro Ferreira sostiene que Bayle fue, desde luego, ambivalente y quizá voluntariamente ambiguo en su texto; en realidad, consiguió llamar la atención sobre las opiniones de Spinoza, al tiempo que parecía rechazar sus ideas. Resulta notable que el apartado dedicado a Spinoza sea el más extenso de todo el diccionario.

POCOS FILÓSOFOS SENSATOS RINDIERON HOMENAJE PÚBLICO A SPINOZA, Y MUCHO MENOS ASUMIERON EL PAPEL DE DISCÍPULOS O CONTINUADORES

Sin embargo, otras veces no se permitió que se mantuvieran la incertidumbre y la ambivalencia inteligentes, y se apremió s los admiradores secretos para que expurgaran sus escritos del impío espinozismo. O si no… Un ejemplo significativo se refiere a El Espíritu de las Leyes, la principal contribución de Montesquieu a la Ilustración (1748). Las ideas de Montesquieu sobre la ética, Dios, la religión organizada y la política son absolutamente espinozianas y, como cabía esperar, fueron denunciadas como tales. Parece que Montesquieu no previó lo destructivos que llegaron a ser los ataques. No mucho tiempo después de la publicación, se obligó a Montesquieu a negar el espinozismo de sus ideas y a hacer una declaración pública de su fe en un Dios creador cristiano. ¿Cómo podía este creyente tener algo que ver con Spinoza? Tal como J. Israel explica el episodio, las reservas sobre Montesquieu persistieron y el Vaticano no quedó convencido. Caute! [El sello de Spinoza era una rosa con el lema: Cautela.]

A medida que el registro se fue purificando de las referencias a Spinoza, sus ideas se hicieron progresivamente más anónimas para las generaciones futuras. La influencia de Spinoza era no reconocida. Spinoza fue puesto en la picota y expoliado. En vida su identidad era conocida, pero sus ideas eran sub rosa; después de su muerte, las ideas flotaban libremente, si bien la identidad del autor sólo era evidente a los contemporáneos y fue cuidadosamente ocultada al futuro.

Por fortuna, este estado de cosas está cambiando. Recientemente ha quedado claro que la obra de Spinoza fue un motor decisivo para el desarrollo de la Ilustración, y que sus ideas colaboraron a dar forma al debate intelectual central de la Europa del siglo XVIII, aunque la historia del período apenas permitiría que nadie lo creyera. J. Israel defiende esta hipótesis y revela importantes datos silenciados que condujeron a tantos a creer que la influencia de Spinoza había muerto con él.

Israel ofrece pruebas contra la impresión generalizada de que la obra de Locke dominara el debate desde fases muy tempranas de la Ilustración. Por ejemplo, una de las publicaciones fundamentales de la Ilustración, La Enciclopedia de Diderot y d’Alembert, dedica cinco veces más espacio a Spinoza que a Locke, aunque dedica más elogios a Locke, quizá, como sugiere Israel, “con un propósito de distracción”. Israel también señala que el Grosses Universal Lexicon, de Zedler (1750), la más extensa enciclopedia del siglo XVIII, las entradas relativas a “Spinoza” y el “espinozismo” son más extensas que la modesta entrada de “Locke”. La estrella de Locke sube, pero más tarde.

Lamentablemente, pocos filósofos de mente sensata, jóvenes o viejos, rindieron un homenaje público a Spinoza, y mucho menos asumieron el papel de discípulos o continuadores. Ni siquiera Leibniz lo hizo, aunque leyó todos los escritos de Spinoza antes de que se publicaran y es posible que fuera la mente más cualificada de su época para apreciarlo. Se puso rápidamente a cubierto, como la mayoría de los demás, y adoptó una posición crítica mesurada. Las luminarias oficiales de la Ilustración hicieron lo mismo. En privado resultaron iluminadas por Spinoza; en público, lo censuraron. El pequeño poema de Voltaire sobre Spinoza es un ejemplo de la crítica pública y de la ambivalencia obligada hacia el filósofo. En mi traducción, el poema reza así:

“Y entonces, un pequeño judío, de larga nariz y pálida tez,
pobre, pero satisfecho, pensativo y reservado,
espíritu sutil y huero, menos leído que celebrado,
escondido bajo la capa de Descartes, su maestro,
caminando con pasos mesurados, se acerca al gran ser:
Perdonadme, dice, hablándole muy bajito,
pero, entre nosotros, pienso que no existís.”

EINSTEIN, EL EMBLEMÁTICO CIENTÍFICO DEL SIGLO XX, SE SENTÍA MUY CÓMODO CON LAS IDEAS DE SPINOZA SOBRE EL UNIVERSO Y DIOS

Después de la Ilustración la influencia de Spinoza se hizo más abierta. Citar a Spinoza ya no era ofensivo. Hay un mundo secular creciente que ha transformado a Spinoza en su profeta, por lo general “poco leído, mal leído o no leído en absoluto”, tal como G. Albiac lo explicó de manera muy precisa. Pero algunos lo leen y viven según sus luces. Filósofos tales como Jacobi, Novalis y Lessing introdujeron al pensador a una audiencia distinta y a un siglo distinto. Goethe lo aceptó y se convirtió en su defensor, no dejando ninguna duda sobre la influencia de Spinoza en su persona y en su obra.

Los poetas ingleses fueron defensores igualmente clamorosos. Coleridge absorbió a Spinoza, y lo mismo hizo Wordsworth, espontáneamente ebrio con la naturaleza y ebrio de la ebriedad de Spinoza con lo divino en la naturaleza. Y lo mismo hicieron Shelley, Tennyson y Eliot. Spinoza pudo haberse reincorporado antes a la filosofía si Kant no hubiera rehusado leerlo, y si David Hume hubiera sido más paciente. Asimismo, Hegel proclamó: “Para ser un filósofo, primero has de ser un espinozista; si no tienes espinozismo, no tienes filosofía”.

La influencia de Spinoza en los campos de la ciencia contemporánea unidos de forma más natural a sus ideas, la biología y la ciencia cognitiva, resulta prácticamente ausente. Pero está claro que no fue éste el caso en el siglo XIX, época en la que Wundt y Helmholtz, dos de los fundadores de las ciencias de la mente y el cerebro, eran ávidos seguidores de Spinoza. Al leer la lista de científicos internacionales que se unieron en 1876 para erigir la estatua de Spinoza que ahora se ubica en La Haya, encontré tanto a Wundt como a Helmholtz, así como a Claude Bernard. ¿Pudo ser que Spinoza inspirara la preocupación de Bernard por la idea de un estado vital equilibrado?

En 1880, el fisiólogo J. Müller señaló “la sorprendente semejanza entre los resultados científicos conseguidos por Spinoza hace dos siglos, y los que han alcanzado en nuestros días investigadores que, como Wundt y Haeckel en Alemania, Taine en Francia, y Wallace y Darwin en Inglaterra, han llegado a cuestiones picológicas a través de la fisiología”. Mi sugerencia de que Spinoza fue un predecesor del pensamiento biológico moderno le parecía evidente a Müller, y a Pollock, quien dijo, aproximadamente por la misma época, que Spinoza “tiende a convertirse cada vez más en el filósofo de los hombres de ciencia”.

El reconocimiento parece secarse de nuevo en el siglo XX. Por ejemplo, aparentemente Spinoza tuvo una influencia importante en Freud. El sistema de Freud necesita el aparato de autopreservación que Spinoza propuso en su conatus, y hace un uso abundante de la idea de que las acciones de autopreservación se activan de manera inconsciente. Pero Freud no citó nunca al filósofo. Cuando se le preguntó sobre esta cuestión, se tomó mucho trabajo para explicar la omisión. En una carta a Lothar Bickel en 1931, Freud escribía: “Confieso sin dudarlo mi dependencia de las enseñanzas de Spinoza. Si nunca me preocupé de citar directamente su nombre es porque nunca extraje los principios de mi pensamiento del estudio de este autor, sino de la atmósfera que él creó”. En 1932, Freud cerró la puerta de una vez por todas a cualquier reconocimiento. En otra carta, esta vez a Hessing, decía: “He tenido, durante toda mi vida, una estima extraordinaria hacia la persona y el pensamiento de este gran filósofo. Pero no creo que esta actitud me confiera el derecho de decir públicamente nada sobre él, por la buena razón de que no tendría nada que decir que no hayan dicho otros”.

Tres décadas más tarde el conocido psicoanalista francés Jacques Lacan trató de la influencia de Spinoza de una manera algo diferente. En su conferecnia inaugural de 1964 en la École Normale Supérieure, que llevaba el sugerente título de “La excomunión”, Lacan explicó de qué manera la Asociación Picoanalítica Internacional intentó evitar que enseñara a psicoanalistas y lo expulsó de sus filas. Comparó esta decisión a una excomunión mayor y recordó a su audiencia que éste fue precisamente el castigo que Spinoza recibió el 27 de julio de 1656.

Hay una importante excepción en toda esta negación del padre. Albert Einstein, el emblemático científico del siglo XX, no dudó en reconocer que Spinoza había tenido una profunda influencia en él. Einstein se sentía muy cómodo con las opiniones de Spinoza sobre el universo en general y sobre Dios en particular.

domingo, 28 de agosto de 2011

Oliver Sacks: "Musicofilia"

A lo largo de los años Oliver Sacks se ha convertido en un reputado neurólogo que, gracias a su forma de narrar historias clínicas, ha acercado al gran público esta rama de la ciencia tan intrincada y, en ocasiones, sorprendente. Cualquiera que lo haya leído sabe dónde reside su atractivo, lo que hace que alguien sin conocimientos médicos devore sus libros como si se tratara de cuentos o novelas. El doctor Sacks habla, más que de enfermedades o trastornos, de pacientes (mejor dicho, de personas) y de cómo esa dolencia afecta a una vida concreta. Como un Sherlock Holmes que ausculta la mente, analiza los sentidos y los observa a la luz de las acciones más cotidianas; lo que prima en sus textos es la experiencia de la enfermedad, su mano a mano con quien la vive a diario.

Su última obra, Musicofilia. Relatos de la música y el cerebro, aúna dos de sus grandes pasiones: la neurología y la música, que en estas páginas se entretejen en un intento de comprenderse mutuamente. Cómo el cerebro percibe e interpreta la música, cómo ésta es capaz de despertar zonas dañadas de nuestra mente.

En el prefacio, Sacks señala que la propensión humana hacia la música surge en la infancia y, yendo más atrás, en los comienzos mismos de la humanidad y las culturas. Si bien su origen no está claro, ni tampoco su utilidad biológica, está tan arraigada en nuestra naturaleza que podríamos considerarla prácticamente innata.

Todos nosotros (con muy pocas excepciones) podemos percibir la música, los tonos, el timbre, los intervalos, los contornos melódicos, la armonía y (quizás de una manera sobre todo elemental) el ritmo. Integramos todas estas cosas y “construimos” la música en nuestras mentes utilizando muchas partes distintas del cerebro. Y a esta apreciación estructural en gran medida inconsciente de la música se añade una reacción emocional a menudo intensa y profunda.

La idea de escribir este libro nació en 1966, al descubrir los efectos que tenía la música en pacientes con Parkinson profundo (su experiencia con ellos fue narrada en Despertares). A partir de entonces, Sacks fue recogiendo cada una de las historias personales de quienes, tras sufrir una lesión cerebral o una enfermedad, desarrollaron una particularidad hacia la música.

‘Musicophilia’ se publicó en su lengua original en octubre de 2007, por lo que esta primera edición en castellano (marzo de 2009) recoge el texto revisado y aumentado que apareció un año después. Gracias a estos añadidos conocemos mejor la evolución de los pacientes, así como más casos o curiosidades sobre algunos de los fenómenos analizados, debido a las numerosas cartas que recibió Sacks tras la publicación del libro.

Resulta difícil destacar sólo algunas de las historias que componen ‘Musicofilia’, pues casi todas nos revelan datos interesantes sobre la relación entre la música y el cerebro. Lo más llamativo de lo que nos cuenta el doctor Sacks (no sólo en esta obra, sino en todos sus libros anteriores), es la sorpresa del lector ante la “diferencia”. Tenemos tan asumidos los procesos biológicos, neurológicos, nerviosos, considerados “normales”, que nos resulta tremendamente chocante descubrir uno que funcione bajo otras premisas o, sin ir tan lejos, la mayoría de las veces no somos conscientes de lo más obvio. Cuando leí Un antropólogo en Marte quedé muy sorprendida con la historia de Virgil, un hombre que fue operado de cataratas tras vivir casi ciego desde los 6 años (la operación se produjo cuando rondaba los 50). Virgil tuvo que “aprender a ver”, a interpretar el mundo desde un sentido que hasta el momento había sido inexistente: conciliar lo que le mostraban los ojos con los sonidos, las formas, el espacio.

De modo similar, en ‘Musicofilia’ aprendemos cómo hay personas que son incapaces de percibir la música como tal (amusia), que sufren de disarmonía o arritmia, mientras otras poseen oído absoluto (como siempre se dijo de Mozart). Hay quienes no pueden reconocer ninguna melodía, ni siquiera el ‘Cumpleaños feliz’, o como el neurólogo amigo de Sacks, François Lhermite, que afirma que identifica una única melodía en el mundo, ‘La Marsellesa’ (Ulysses S. Grant aseguraba que conocía dos canciones: Una es ‘Yankee Doodle’ y la otra no). En el lado opuesto nos encontramos con Martin, con retraso mental profundo, que sabe de memoria más de dos mil óperas completas; es lo que se conoce como “savant” musical. Acostumbrados desde niños a la presencia de la música, nos resulta increíble que para unas pocas personas ésta no sea más que un espantoso ruido desordenado, similar al de varias cacerolas estrellándose contra el suelo.

Sin duda alguna, de todas las historias narradas en este libro la más dramática es la de Clive Wearing, un músico y musicólogo inglés que a los cuarenta y cinco años sufrió una devastadora infección cerebral que afectó gravemente a su memoria. Desde entonces, su rango de memoria es de siete segundos. Es espeluznante leer su diario, en el que escribe, una y otra vez, anotaciones del tipo: 2.10 pm: esta vez estoy perfectamente despierto (…) 2.14 pm: esta vez estoy por fin despierto (…) 2.35 pm: esta vez absolutamente despierto…; o ver imágenes grabadas en las que saluda a su esposa como si fuera la primera vez en el día, cuando en realidad hace tiempo que se encuentra en la habitación. Pero cuando Clive se sienta al piano, comienza su contacto con el mundo: todo su saber musical, su capacidad para tocar el piano y el órgano, para cantar o dirigir un coro se conservan intactas.

Una vez más, Oliver Sacks me ha descubierto nuevos rincones de nuestro cerebro, su complejo funcionamiento y su adaptación en casos extremos. Admiro a este hombre apasionado de Bach y la botánica, que come lo mismo cada día de la semana y que puede presumir de darle nombre a un asteroide. Su forma de narrar cada historia, tan cercana al paciente, hace que sus libros no sólo resulten de fácil lectura “para los no iniciados”, sino que se conviertan en verdaderas guías sobre el comportamiento humano.

Oliver Sacks: "La dama desencarnada"

Sacks, Oliver - La Dama Desencarnada

Meditación Autoalusiva: Jacobo Grinberg Zylberbaum

LA MEDITACIÓN AUTOALUSIVA .(Jacobo Grinberg Zilberbaum)
La meditación autoalusiva es una técnica natural, basada en los procesos normales de desarrollo e ideada para estimular a éste último en una forma conciente, activa y en perfecto acuerdo con la Realidad tal cual es.
La experiencia autoalusiva, es decir, la observación de la totalidad de uno mismo en el momento presente no es una vivencia pasiva, sobre todo cuando la autoalusión
es del tipo sin límites. En otras palabras, cuando la resultante de la autosalusión se vuelve a someter a observación y así, sucesivamente,en un proceso constante y contínuo.
La autoalusión sin límite se puede continuar hasta que la capacidad algoritmizadora del sistema es sobrepasada.
En ese momento, el sistema debe adquirir nueva información e integrarla hasta lograr decantar un novedoso algoritmo que puede ser sometido a autoalusión.
La experiencia autoalusiva es una experiencia de unificación que recibe, por lo tanto, la misma energía vitalizadora que ha guiado el proceso evolutivo.
Por eso, esta experiencia más que pasiva, es extática, y más que ecuánime, es de Gracia.
Desde un punto de vista psicofisiológico, la experiencia autoalusiva se explica de la misma forma que se explica cualquier experiencia sensorial, es decir, como resultado de una interacción entre el campo neuronal y el campo cuántico.
Pero, puesto que al autoaludir se incrementa la densidad informacional, la coherencia y la sintergia del campo neuronal, este es capaz de establecer una interacción congruente con un nivel de la lattice muy cercano al origen mismo del campo cuántico.
Por ello , la experiencia resultante es la que el budismo llama Nirvana, la que el sufismo llama faña y la que se podría expresar como conciencia pura o YO puro.
Por otro lado, aunque la experiencia de la presencia Yoica puede surgir en cualquier zona de la interracción de campos, existen preferentemente tres localizaciones principales para su aparición.
Estas son: en el interior del campo neuronal, en la zona misma o borde de la interacción de campos y en el campo cuántico.
La activación intraneuronal es una localización corpórea
- la activación en el borde de la intersección es una localización de la experiencia yoica en la experiencia misma, mientras que la activación cuántica es una localización extracorpórea.
Puesto que ya he analizado con detalle algunos aspectos de estas 3 localizaciones, aquí solamente mencionaré que la posición cuántica trae como consecuencia la activación del Doble y una capacidad de modificar aspectos físicos de la realidad.
Volviendo a la autoalusión sin límite, decía antes que esta se puede continuar hasta el punto en el cual el sistema no puede hallar su propio algoritmo.
Generalmente, en ese momento, la localización de la experiencia yoica varía de una posición extracorpórea a otra, en el borde de la interacción y el sujeto deja de ser observador de su experiencia para identificarse con ella.
Cuando esta identificación se realiza en zonas de alta sintergia, la experiencia resultante es de éxtasis y gozo espiritual.
Cuando se logra algoritmizar, y por lo tanto, se autoalude el estado previo, el sistema completa un nuevo nivel de desarrollo, e inicia de nuevo, su proceso de desarrollo hacia una mayor unificación.
Por ello, la meditación autoalusiva, es una técnica altamente activa, viva y vital.
La meditación autoalusiva incrementa la conciencia, fortalece la acción y no requiere de encierros, silencios o inclusive, de aislamientos para progresar.
Es un procedimiento totalmente natural que permite estar en el mundo, aunque no ser del mundo.
Es decir, para el meditador autoalusivo, ya no existe identificación con el mundo, pero persiste su vivencia en él.
No niega la existencia del mundo, lo trasciende, localizándose más cerca del observador y la realidad que cualquier realidad.
La capacidad de autoalusión no admite límites o metas; sin embargo, para progresar requiere Fuerza de Voluntad y Poder Personal, y éste último para existir, no admite distracciones inútiles o placeres efímeros.
En este sentido, la meditación autoalusiva, se parece al Zen, el cual desecha la idea de la existencia de una meta final, considerándola como infantil, o ilusoria.

La Realidad siempre está presente, para quién sea capaz de percibirla.
La preparación para percibirla puede conducir a la meta de establecer contacto con ella, pero esta meta no implica que la realidad exista en algún futuro que vendrá y que no existe ahora y aquí.

La Realidad siempre está presente, es nuestra la posibilidad de estar en ella o de identificarnos con algún aspecto concreto de la misma.
Esta última identificación, por ser temporal y finita, tiene como destino la muerte.
En cambio, el observador y la Realidad sobreviven.

Una de las técnicas budistas más parecida a la meditación autoalusiva, el Vipassana, enseña a sus practicantes el arte de observar, llevando a los más talentosos aún a la posibilidad de observar el proceso de su propia su muerte corporal,presumiblemente sobreviviéndola.
La autoalusión no es una observación analítica ni debe confundirse con lo que podría denominarse observación superyoica, en la que la porción cultural internalizada de la personalidad juzga el comportamiento propio, los propios juicios y pensamientos desde una plataforma de análisis crítico.
La autoalusión es directa y no requiere de intermediarios mentales o culturales.
Más aún, estos intermediarios son parte de los contenidos de observación que últimamente serán autoaludidos cuando se integren en un algorrtimo inclusor.

Por lo anterior, el Observador no es el super-yo freudiano, ni tampoco es una zona o nivel de la mente, como equivocadamente sostinene el budismo.
El Observador es el guía del proceso y, al igual que la Realidad, siempre se halla presente atestiguando los contenidos de la mente.


FACULTAD DE PSICOLOGÍA UNAM E INSTITUTO NACIONAL PARA EL ESTUDIO DE LA CONCIENCIA. JACOBO GRINBERG ZILBERBAUM

Jacobo Grinberg: "Meditacion Autoalusiva"

domingo, 31 de julio de 2011

Efecto Stroop

El Efecto Stroop es como se llama a una clase de interferencia semántica producida como consecuencia de nuestra automaticidad en la lectura. Esto nos ocurre cuando el significado de la palabra interfiere en la tarea de nombrar, por ejemplo, el color de la tinta en que está escrita. Imaginemos que nos preguntan de qué color están escritas las siguientes palabras:

Rojo
Casa
Verde

La mayoría de nosotros contestaremos rápidamente el nombre del color en que está escrita la palabra rojo, ya que coincide con el significado de la palabra. En cambio, con la palabra casa tardaremos algo más en responder, pues nos provoca una interferencia, aunque baja, su verdadero significado semántico. Pero la que nos produce mayor complicación de todas es la última, pues tenderemos a decir verde cuando el color en que está escrita es el azul. Nuestra atención es selectiva, esto quiere decir que la controlamos según nos interese, por lo que podremos prestar voluntariamente más atención a unas cosas que a otras en un momento dado, pero en ocasiones sufrimos interferencias como es el caso del efecto Stroop.

Sesgos cognitivos: la ilusión de control

Extracto de http://psicoteca.blogspot.com

A los psicólogos nunca dejará de impresionarnos la capacidad humana para autoengañarse, una actividad que todos realizamos más frecuentemente de lo que parece. Lo interesante es que este acto de autoengaño suele tener, comúnmente, la función y resultado de hacernos más felices, porque cierra nuestros ojos ante las cosas más feas de este mundo. Es por eso que este mecanismo defensivo, protector de nuestra autoestima y felicidad, es adaptativo y puede haber sido seleccionado en el curso de la evolución hasta llegar a nuestros días.
De todas las formas de autoengaño que practicamos con mayor o menor frecuencia, las hay particularmente interesantes. Una de ellas es la creencia denodada y contra toda evidencia en una especie de "justicia universal" que los psicólogos llaman "creencia en el mundo justo" (Lerner, 1980). Esta creencia es tan generalizada que se ha trasladado al lenguaje coloquial en forma de numerosas expresiones y frases hechas, como "el tiempo pone a cada uno en su sitio", "quien siembra vientos recoge tempestades", y otras que podréis identificar por vuestra cuenta sin mucho esfuerzo. En este post voy a hablaros de algunos curiosos estudios que demuestran esta generalizada –e infundada- creencia en una forma de justicia universal.

Situaciones de azar vs. situaciones de habilidad
Pocos han elaborado esta distinción tan claramente como Langer (1975) en su recomendable artículo sobre la ilusión de control. Las situaciones a las que nos enfrentamos (o que simplemente presenciamos) en nuestra vida pueden clasificarse en función de si permiten o no la posibilidad de ser influenciadas o controladas por los individuos. Hay situaciones dominadas por el azar, y otras en las que la habilidad de los actores tiene algún papel. Valgan un par de ejemplos sencillos: La capacidad atlética de un corredor es fundamental en el resultado de una prueba de 100 metros lisos (situación de habilidad), y por lo tanto dicho corredor tiene algún control sobre el resultado. Por otro lado, las habilidades de un jugador de póker no pueden afectar en absoluto a las cartas que le hayan tocado al repartir la baraja (situación de azar), y concluiremos que el jugador no tiene control alguno sobre este resultado: si le han tocado malas cartas, no dependerá de sus habilidades, empeño, voluntad, etc.
Evidentemente, nuestra vida está plagada de situaciones en las que no existe el control del resultado por parte del individuo: los juegos de azar como la lotería, los accidentes, algunas enfermedades, los encuentros casuales... No obstante, los seres humanos nos resistimos a aceptar que el azar pueda dominar una parte importante de nuestras vidas. Esta realidad representaría un ataque en toda regla a nuestra autoestima, pues nos obligaría a vernos como lo que somos a menudo: muñecos moviéndose de un lado a otro a merced de un mar de olas aleatorias que golpean desde mil direcciones. Nos gusta más la imagen de un universo ordenado donde todo tiene una explicación lógica y sencilla, pensar lo contrario nos hace sufrir.
En consecuencia, y para evitar ese sufrimiento, interviene el autoengaño, y tendemos a tratar las situaciones de azar como si fueran situaciones de habilidad (es decir, tratamos las situaciones incontrolables como si pudiéramos controlarlas). Un jugador de lotería se siente más confiado en que va a obtener el premio si le permiten escoger el número con el que va a jugar (Langer, 1975); un jugador en un casino pondrá mucho cuidado y concentración al arrojar los dados sobre la mesa para conseguir el número que desea (Henslin, 1967), o bien acarreará amuletos para "atraer la buena suerte"; los familiares de un fallecido en un accidente buscarán una explicación más allá de la pura casualidad o el azar (Kushner, 1981)... En este proceso de autoengaño intervienen múltiples factores que pueden estudiarse desde muchos puntos de vista.

El mundo justo
La misma motivación (es decir, la protección de nuestra autoestima ante un mundo repleto de situaciones dominadas por el azar, ante las que estamos desprotegidos) subyace a la creencia generalizada en que las acciones y sus resultados comparten la misma valencia afectiva. Ésta es la "hipótesis del mundo justo": los actos buenos tienen consecuencias positivas, mientras que los actos malos tienen consecuencias negativas; las cosas buenas les suceden a las buenas personas, pero las cosas malas les suceden a las personas malvadas (Langer, 1975; en realidad, Piaget ya observó este tipo de razonamiento con anterioridad, pero lo vinculó a los estadios de desarrollo previos a la edad adulta, algo que como veremos no es cierto). Esta creencia en la justicia universal elimina el papel del azar, incluso en situaciones donde el azar es claramente el único o principal determinante, y por esto nos hace sentir más cómodos en el mundo. Vamos ahora a ver algunos ejemplos donde la creencia en el mundo justo se investiga empíricamente.
En uno de sus experimentos, Lerner (1965) pidió a sus participantes que evaluasen las aptitudes de dos trabajadores, uno de los cuales había obtenido una bonificación por casualidad. Sistemáticamente, los participantes juzgaron más competente a este trabajador que fue recompensado, incluso aunque supieran que esto ocurrió de manera fortuita, accidental. Es como si quisieran "poner las cosas en su sitio": si recibió la recompensa, tuvo que merecerla, porque si no el mundo sería un lugar injusto.
En la misma línea, Lerner y Simmons (1966) complementaron el anterior experimento con un estudio en el que los participantes observaron como otro participante (realmente, un actor conchabado con el experimentador) recibía descargas eléctricas como castigo a errores menores en un experimento en el que creían estar tomando parte. En aquellas situaciones en las que los participantes no podían hacer nada para evitar que esta persona fuera castigada, se observó cómo los sujetos tendían a devaluar o negar el sufrimiento de la víctima. De nuevo, parecían mostrar preferencia por la hipótesis del mundo justo: "si no puedo actuar para detener tu castigo, entonces es mejor creer que te lo mereces, o que no es tan doloroso, y así no me siento mal por ello".

Tienes lo que te mereces
Profundizando más en el estudio de la creencia en el mundo justo, Callan, Ellard y Nicol (2006) llevaron a cabo una serie de experimentos en los que manipularon una variable que resultó ser clave: la valencia afectiva (bueno vs. malo) de los actos que unos individuos llevaron a cabo antes de pasar por una situación de azar (no controlable). Los participantes en los experimentos de Callan y colaboradores leyeron dos historias diferentes, en una de ellas el protagonista obtenía un evento positivo por azar (ganar la lotería), y en la otra pasaba por una situación negativa también por azar (ser víctima de un accidente de automóvil). Además de esto, se ofreció información distinta acerca de los protagonistas de estas historias: a la mitad de los participantes se les dijo que el protagonista ganador de la lotería había tenido un buen comportamiento previamente al sorteo, a la otra mitad se les dio la información opuesta; del mismo modo, la mitad de los participantes fue informada de que el protagonista de la historia del accidente de carretera había engañado a su pareja recientemente ("mala persona"), mientras que la otra mitad de los participantes solamente supo que el protagonista estaba planeando unas vacaciones familiares ("buena persona"). Los resultados mostraron cómo, en ambas historias, los sujetos juzgaron que estos eventos objetivamente incontrolables (ganar la lotería, ser víctima de un accidente) fueron resultado de las acciones previas de los protagonistas (tener buen comportamiento, cometer adulterio) sólo cuando la valencia de estas acciones coincidía con la de los eventos. Es decir, tanto el triunfo en el sorteo como el accidente se reconocieron como eventos fruto del azar e incontrolables cuando éstos no "encajaban" (suponiendo que el mundo es justo) con los actos previos del protagonista: si una persona mala y mezquina gana un sorteo es porque ha tenido suerte; si una buena persona es atropellada mortalmente no ha sido culpa suya. Sin embargo, cuando los actos coincidían con los eventos experimentados por los protagonistas, la creencia en el mundo justo salía a relucir: si el protagonista de una de las historias ganó el sorteo, se debe a que es una buena persona; si el otro protagonista fue atropellado, fue por haber cometido adulterio. En otras palabras: según los sujetos del estudio, ambos protagonistas merecían lo que les pasó (sea positivo o negativo), y no sólo eso, sino que estos eventos fueron entendidos como el fruto lógico de sus actos (porque en el mundo justo, los actos buenos producen recompensas, mientras que los actos malvados derivan en castigos).
Por último, voy a comentar otro estudio que añade un factor de lo más interesante: el atractivo físico del protagonista. Callan, Powell y Ellard (2007) pusieron sobre la mesa la creencia de que "los guapos son buenos" que tanto han contribuido a perpetuar los cuentos infantiles y, con escasas excepciones, las películas de Disney y Hollywood (¿no es frecuente que los heroicos protagonistas de estos cuentos y películas sean retratados a la vez como hermosos y bondadosos, y para completar el cuadro acaben triunfando en sus gestas?). Cuando nos presentan a una persona físicamente atractiva, le atribuimos cualidades positivas, también en el plano moral ("son buenas personas"). Imagine el lector que asiste a la representación de una tragedia, la muerte de una mujer, como hicieron los participantes (mayoritariamente mujeres) del estudio de Callan y colaboradores (2007). La trampa vino a continuación: la mitad de los participantes observaron la muerte de una mujer hermosa, mientras que los demás asistieron a la muerte de una mujer no tan atractiva. Como podemos imaginar a estas alturas, los primeros juzgaron la tragedia como indudablemente más injusta y dolorosa que los otros. Curiosamente, el mecanismo funciona en dos direcciones, puesto que en un segundo experimento se invirtió el orden de los acontecimientos. Los sujetos leyeron un relato en el que una mujer resultaba herida en un incendio accidental en una casa (es decir, que fue víctima de una injusticia). A continuación, debían escoger en un banco de imágenes la cara de la protagonista tal como la habían imaginado al leer la historia. Aquellos participantes a los que se les hizo creer que el sufrimiento de la mujer había sido grande escogieron caras significativamente menos atractivas que aquellos a los que se les dijo que las secuelas del incendio habían sido mínimas. De nuevo, la "injusticia" no cabe en la cabeza de los participantes: si la mujer fue herida salvajemente, no podía ser bonita, esto sería "injusto".

En cualquier caso, todo el proceso de autoengaño cumple su objetivo al presentarnos un mundo justo en el que las personas no son recompensadas o castigadas por azar, sino porque lo merecen (y sorprendentemente la belleza física cuenta como "bondad" en este razonamiento). Infundadamente, "rellenamos" los espacios huecos que preceden a todo aquello que sucede por azar o por razones desconocidas, mediante la atribución de estos eventos a causas que nos parecen lógicas y justas. Así ponemos orden en el mundo, aunque lo hagamos de espaldas a la realidad. En mi opinión, ser irracionales nos protege de un vacío insoportable de mirar, y por eso la evolución nos hizo así. Irracionales.

Referencias:
Callan, M., Ellard, J., & Nicol, J. (2006). The Belief in a Just World and Immanent Justice Reasoning in Adults Personality and Social Psychology Bulletin, 32 (12), 1646-1658 DOI: 10.1177/0146167206292236
Callan, M., Powell, N., & Ellard, J. (2007). The Consequences of Victim Physical Attractiveness on Reactions to Injustice: The Role of Observers’ Belief in a Just World Social Justice Research, 20 (4), 433-456 DOI: 10.1007/s11211-007-0053-9
Henslin, J. M. (1967). Craps and magic. American Journal of Sociology, 73, 316-330.
Kushner, H. S. (1981). When bad things happen to good people. New York: Abon Books.
Langer, E. J. (1975). The illusion of control. Journal of Personality and Social Psychology, 32, 311-328.
Lerner, M. J. (1965). Evaluation of performance as a function of performer's reward and attractiveness. Journal of Personality and Social Psychology, 1, 355-360.
Lerner, M. J. (1980). The belief in a just world: A fundamental delusion. New York: Plenum.
Lerner, M. J., y Simmons, C. H. (1966). Oberver's reaction to the "innocent victim": Compassion or rejection? Journal of Personality and Social Psychology, 4, 203-210.


Extracto de http://www.cop.es

ILUSIÓN DE CONTROL

De acuerdo con los estudios sobre la ilusión de control, el hecho de que los sujetos puedan realizar cualquier acción o elección que remotamente pueda tener alguna influencia en el proceso que está intentando controlar tiene influencia en el comportamiento del individuo. (Langer, 1975; Rodin y Langer 1977; Dunn y Wilson 1990; Johnston et al, 1992). Hacer cualquier elección en una tarea absolutamente aleatoria, por ejemplo el hecho de tirar los dados en las apuestas, influye en el comportamiento del sujeto.

CONTROL PERCIBIDO Y SU EFECTO EN EL DOLOR

M.Weisenberg admite el control percibido como una variable que media en el dolor agudo y en el crónico. Se han realizado experi-mentos dejando al pacien-te que controle la medicación que toma en los postoperato-rios con reducción de las dosis de medicación y con reportes de menos dolor.

Dar a los sujetos algún grado de control sobre las estímula-ciones dolorosas en situaciones de laboratorio reduce el estrés e incrementa la tolerancia al dolor. Se explica porque la incerti-dumbre incrementa la ansiedad. Averill piensa que la disminución de la incertidumbre es más importante que la conducta de control en si misma. Parece que influye también el grado de arousal que se genera en la situación, el control es más impor-tante en altos grados de arousal. Si el control supone una vigilancia continuapuede aumentar la ansiedad y no ser efectivo. En situaciones más predictibles los sujetos se adaptan menos al dolor en base a que entre choques se pueden relajar.

La hipótesis del minimax asegura que el control permite a la persona saber que existe un límite al daño que se puede hacer mientras que las personas sin control no tienen conciencia de ese mínimo.

No todas las personas quieren ejercer control sobre la situa-ción dolorosa. algunas prefieren dejarlo para el médico. Parece que los sujetos con autoeficacia percibida como baja prefieren dejar el control al experimentador o al médico.

Una vez realizadas las conductas de afrontamiento, se puede realizar una atribución de su éxito o fracaso. Este proceso de atribución está en la base del control percibido. No basta que el afrontamiento haya sido efectivo o no para poder deducir las consecuencias en el individuo. Es la respuesta de atribu-ción la que media en el proceso de percepción del control.

Se admite que las dimen-siones en las que se realiza esta atribu-ción (Weiner, 1979) son:

Externa-interna
Global-específica
Estable-inestable
De acuerdo con estas atribuciones se orientará las ulteriores respuestas de coping del sujeto.

En un proceso de dolor crónico fallan los mecanismos de coping y se da el fenómeno de no contingencia que está en la base de la teoría de la indefensión aprendida sobre la depresión (Abramson, 1978).

En un estudio interesante a la mitad de los pacientes con jaqueca recibieron feedback para incrementos de EMG. la otra mitad para reducciones de tensión en el músculo frontal. A todos los suje-tos, sin embargo se les dijo que habían aprendi-do a decrementar la tensión en los músculos. En cada uno de estos grupos a la mitad recibieron un feedback indicando altos niveles de éxito mientras que la otra mitad débiles. Indepen-dientemente de la dirección del feedback del EMG los pacientes que recibieron un alto feedback de éxito mostraron mayores reducciones significati-vas de las jaquecas y mayores y signi-ficativas puntuaciones en autoeficacia.

Relación entre las expe-riencias de aprendizaje y los procesos de atribución. Parece que estas experiencias tienen poco efecto en la elevación o el fortalecimiento de las creencias de autoe-ficacia si no se atribuyen al propio esfuerzo y/o habili-dad.

La ilusión de control en el juego patológico

(Resumen de Ladouceur, R. ,1993 Aspectos fundamentales y clínicos de la psicología de los juegos de azar y de dinero. Psicología conductual Vol. 1 No. 3 pp. 351-360)

"Ellen Langer (1975) afirma que los jugadores desarrollan una percepción de control ilusorio en lo que se refiere a juegos de azar y de dinero. El individuo, en situación de juego, recurriría a sus habilidades o a su destreza y desarrollaría unas nuevas estrategias para vencer al azar. Así, sobrevaloraría sus posibilidades subjetivas de ganar. En lo que se refiere a esto, recordemos tan sólo al jugador de ruleta que anota sistemáticamente a lo largo de noches enteras todos los números a fin de utilizarlos, en el momento que juzgue oportuno y hacer la apuesta ganadora. No estamos acostumbrados como seres inteligentes que somos a considerar el azar como una explicación justa y plausible de un acontecimiento. Invocamos habitualmente al azar cuando tocamos las fronteras de nuestro conocimiento o cuando abordamos un fenómeno completamente inhabitual. Estudios empíricos demuestras que cuando estos sujetos debe genera números al azar son incapaces de hacerlo.

En efecto, los estudios demuestras que los individuos son generalmente incapaces de producir secuencias aleatorias y mantienen una gran confusión en lo que se refiere a la parte concerniente al azar y a las habilidades en diferentes juegos. Wagenaar (1988) publicó una brillante discusión sobre este problema desconocido para la mayoría de los clínicos. Los sujetos de este estudio tienden a evitar, de forma excesiva, las repeticiones, produciendo un número demasiado grande de alternancias. En el laboratorio de Ladouceur se han realizado una serie de estudios sobre el tema (Ladouceur y Bordier 1991). El error cognitivo que está e la base de esta desviación es que la gente es incapaz de tener en cuenta la independencia de los acontecimientos. Esta dificultad sería, nuestra opinión, el elemento más importante para comprender la dinámica del jugador en nuestro programa de terapia.

A lo largo de sus investigaciones, llevadas a cabo para verificar los diversos factores que influencian la ilusión de control, han observado un fenómeno inesperado: la asunción de riesgo monetario aumentaba a medida que participaba en el juego. El contacto o la exposición al juego incita al jugador a asumir una toma de riesgo monetario creciente, Esta tendencia se manifestaba en todos los juegos (Black jack, Ruleta, Video-poker, Máquinas tragaperras) y en todas las categorías de jugadores participantes, (principiantes, habituales, patológicos) que juegan solos o en grupo. (Ladouceur, Tourigny y Mayrand, 1986). Este resultado ha sido hallado con tal constancia en todos nuestros trabajos que está claro que el efecto entrenamiento en los juegos de azar ocupa un papel crucial y que será importante tenerlo en cuenta cuando abordemos el tratamiento de los jugadores patológicos. Se encuentra una bonita ilustración de este hecho con la ocasión de una partida de cartas entre amigos. Antes de terminar el juego al final de la partida un jugador propone una apuesta tan elevada que hubiera sido juzgada inaceptable o insensata por todos los participantes si esta hubiera sido hecha al principio del juego. Pero, ¿Este efecto del entrenamiento es rápido?, ¿Hacen falta varias sesiones de juego para observarlo? ¿es duradero?. Los autores han contestado a estas preguntas observando en tres sesiones de ruleta a los jugadores principiantes y a los habituales. Anotaban cada día la suma de dinero o de fichas apostadas. Querían conocer la evolución de las apuestas a lo largo de varias sesiones de juego y sobre todo el nivel de partida de las apuestas en relación con las de la sesión anterior. Los resultados muestran una toma de riesgo que se mantiene en el tiempo ya que los jugadores, principiantes o habituales, no volvían nunca a su apuesta inicial de la primera sesión. Empezaba la sesión subsiguiente apostando más fuerte que al principio de la sesión precedente. Pero un resultado inesperado fue que en la última sesión de juego, ya no se podía distinguir la curva de la toma de riesgo monetario de los jugadores habituales de la de los jugadores principiantes. Ladouceur et al (1986). Es necesario señalar que la tendencia no era que los jugadores habituales se hubieran vuelto más avariciosos en sus apuestas."